Turismo Gastronómico, ¿Cómo se siente?

Hablemos sin definir, sobre el Turismo Gastronómico.  El acto de comer es una cosa natural. Para algunos solo basta saciar esa sensación de hambre para estar complacidos, para otros no; para algunos, en los cuales me incluyo, debemos comer algo que dispare nuestra mente, nuestro gusto. Somos turistas gastronómicos, disfrutamos que nos pongan a prueba, pensando: “esto sabe a …”

¿Te pasa que cuando alguien te pregunta si conoces una ciudad, lo que viene a tu mente son los sabores que detectaste en aquel viaje?  Si esto te pasa, es definitivo tú practicas el turismo gastronómico.

No somos un grupo en vías de extinción, para nada, ni somos una mínima porción de la población, somos muchos los que disfrutamos turistear por bares, restaurantes, puestecitos, deleitándonos de igual manera con una tostada o tapa española, servida al pasar como con una cena de 4 tiempos en un restaurante de mantel largo. No buscamos la exclusividad, lo caro o lo ostentoso, buscamos sabores nuevos, combinaciones que despierten curiosidad.  Así como un pintor combina colores y muchas veces texturas, para hacer arte, un chef o “la señora de la fondita” mezclan sabores, ingredientes y procesos para dar un producto final; ese es el que buscamos como turistas, no con una mochila, y una botella de agua, sino con nuestras papilas gustativas excitadas por probar lo que viene.

El acto de comer es natural, cotidiano, necesario, etc. Pero si este acto lo hacemos vistiéndonos para la aventura, es genial, sobre todo si lo hacemos acompañado de alguien que al igual que uno, disfruta de compartir impresiones y claro… la cuenta.

Te invito a que esta semana vayas a un lugar nuevo y pidas algo a ciegas. Ve a un restaurante diferente, con ingredientes y nombres de platillos difíciles de pronunciar. Ese es el reto amistoso para ti, y después coméntanos, como te fue.
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